La política también es tierra de pasiones (*)

Un prejuicio común impulsa a algunos colegas a explicar las decisiones electorales de los dirigentes políticos como el resultado excluyente de cálculos de opinión pública, análisis de grupos focales, big data y demás yerbas. Por el contrario, un preconcepto no menos habitual, estimula a otros colegas a interpretar dichas determinaciones como la consecuencia de impulsos, caprichos, preferencias personales o tics de los diferentes líderes políticos. En ese aspecto, el proceso de cierre de listas es la oportunidad ideal para ver ambos fenómenos en acción, el momento donde la realidad se ubica de uno u otro lado. Por una parte, no existe mesa de toma de decisiones políticas donde no se evalúen encuestas con el potencial de influir sobre las definiciones electorales. Por otra parte, no hay líder político que no haga gravitar su intuición, impronta o juicio personal en la elección o veto de tal o cual candidato.

No existe mesa de toma de decisiones donde no se evalúen encuestas así como no hay líder que no haga gravitar su juicio personal en la elección o veto de tal o cual candidato.

La incorporación estelar de figuras políticas asociadas a la lucha contra la corrupción como Lilita Carrió, o sus segundas marcas Margarita Stolbizer y Graciela Ocaña, resulta en gran medida una respuesta de la dirigencia política a un problema que, de acuerdo a diferentes encuestas, hoy aparece segundo en orden de importancia por detrás de la pobreza. Asimismo, la nueva ola de asimilación de celebrities y outsiders tanto en listas nacionales como provinciales, va también en el sentido de procesar una demanda de figuras ajenas a las estructuras tradicionales que se está dando no sólo en Argentina sino también a escala internacional a través de grandes referentes políticos como Trump o Macron. En nuestro caso puntual, la nueva ola ya inaugurada por Menem en los ’90, alcanza hoy a personajes como la periodista de TN Débora Pérez Volpin o el columnista económico Matías Tombolini, entre muchos otros.

La nueva ola de asimilación de celebrities y outsiders tanto en listas nacionales como provinciales, va también en el sentido de procesar una demanda de figuras ajenas a las estructuras tradicionales.

Tierra de pasiones

En paralelo, este proceso de cierre de listas deja al descubierto una serie de decisiones políticas que poco tienen que ver con el análisis desapasionado de los sondeos de opinión pública y más bien entran en el terreno del ámbito íntimo de los líderes políticos. Uno de los más notables es la resolución del jefe de gobierno porteño Horacio Rodríguez Larreta, o quizás de su candidata en el distrito Lilita Carrió, de no concederle la interna a Martín Lousteau. En el marco de una relación de fuerzas de 2 a 1 y sin la posibilidad de que otro espacio político opositor aparezca triunfante a la hora de dividir los votos propios en la PASO, no tiene justificación visible que el oficialismo porteño haya tomado el camino de no aplastarlo a Lousteau en el primer turno de agosto y dejarlo en rodaje hasta el segundo turno de octubre en calidad de líder opositor.

Este proceso de cierre de listas deja al descubierto una serie de decisiones políticas que poco tienen que ver con el análisis desapasionado de los sondeos de opinión pública y más bien entran en el terreno íntimo de los líderes políticos.

De igual forma, la candidatura a primer senador nacional del actual ministro Esteban Bullrich, en simultáneo a la decisión de bloquear al único candidato en la lista bonaerense claramente identificable con la gobernadora María Eugenia Vidal, Facundo Manes, habla más de una decisión política tendiente a marcar la autoridad del presidente que de una evaluación profunda de conveniencia electoral. En tal sentido, la definición de que un ministro del gabinete de Macri de indudable perfil PRO e identificación con el presidente encabece la lista, es equiparable a la determinación que también tomó el oficialismo en Córdoba de que su lista sea encabezada por figuras como el ex árbitro Héctor Baldassi o el intendente de Jesús María, Gabriel Frizza. Ambos no aportan caudal electoral propio, pero tienen innegable identidad con el presidente Macri.

La definición de que un ministro del gabinete de Macri de indudable perfil PRO e identificación con el presidente encabece la lista, es equiparable a la determinación que también tomó el oficialismo en Córdoba.

Por último, muchos analistas interpretaron la determinación de Cristina Kirchner de evitar una interna con su ex ministro Florencio Randazzo como una reacción emocional ante el desafío a su autoridad política. Sin perjuicio de ello, la definición política de fondo tiene igual un amplio sustento analítico. En el marco de una elección cerrada como pronostican los diferentes encuestadores, el ordenamiento del tablero de la PASO, en especial el 1-2, será determinante para definir el resultado de octubre. En tal sentido, ningún asesor político apoyado sobre herramientas de análisis cuantitativo le hubiera aconsejado a Cristina exponerse a la menor fuga de votos en una interna con modalidad abierta y simultánea.

(*) Publicado en El Economista, 27 de junio de 2017.

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Daniel Montoya es politólogo egresado de la Universidad Católica de Córdoba, con estudios de posgrado en Políticas Públicas en el viejo Instituto Di Tella, cuenta con una dilatada experiencia en función pública en diferentes organismos nacionales y provinciales (Comisión Nacional de Comercio Exterior, Agencia de Recaudación de la Provincia de Buenos Aires y Grupo Banco Provincia) En la actualidad, se dedica full time a la Consultoría Estratégica, con clientes como el Gobierno del Paraguay, así como grupos empresariales privados. En el mismo plano, mantiene una intensa actividad como analista político a través de su blog danielmontoya.info y mediante intervenciones diversas en medios.

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