Guzmán intrusado (*)

Ripley, por el amor de Dios, esta es la primera vez que nos encontramos con una especie como esta” le advierte el oficial científico Ash a la piloto encarnada por Sigourney Weaver en la inolvidable Alien, el octavo pasajero. Quizás esta haya sido la misma sensación de ser intrusado que sintió el ministro Martín Guzmán durante la apertura de sesiones legislativas por parte del presidente Alberto Fernández, aunque el ingreso de Alien a la cocina de la política económica ya estaba consumado mucho antes. ¿Cómo podría sorprenderse? En el ámbito de las tarifas, a fines de 2020, Cristina sentenció nada menos que ante el propio presidente, el gobernador de la provincia de Buenos Aires Axel Kicillof y en el epicentro de la conducción todista, La Plata, “hay que alinear los salarios y jubilaciones con los precios de los alimentos y las tarifas”. Fuerza de ley.

A poco de caminar el flamante presupuesto 2021, los famosos despedían a las previsiones de Guzmán referidas a la relación entre los subsidios a las tarifas y el PBI. Réquiem para la política energética. Y, por supuesto, para la posibilidad del ministro de sentarse con los grandes actores sectoriales con su pecho tripero inflado, en lugar de tener que hablarles con el corazón. Tal situación se extendió a mediados de febrero al terreno cambiario. El naufragio de la idea de mantener la energía y las tarifas a salvo del desgaste inflacionario, también alcanzó al tipo de cambio. El manual de estilo K funcionando a pleno. ¿Qué mejor tridente para enfrentar las urnas que las tarifas, la energía y el tipo de cambio durmiendo el sueño de los justos? La hora del grouchomarxismo para el discípulo de Stiglitz. “Si no les gustan mis principios, tengo otros”.

El naufragio de la idea de mantener la energía y las tarifas a salvo del desgaste inflacionario, también alcanzó al tipo de cambio.

Pero la historia no acaba allí. Durante el mismo febrero, el gobierno anunció el deus ex machina del Consejo Económico y Social. Por cierto, una herramienta de eficacia incierta que, en el corto plazo, solo sirve para diluir el protagonismo del ministro de economía en un país cuyos principales problemas son ¡económicos! Si la inflación fuese un razonable 15% anual –razonable para la locura argentina- y si creciéramos al 1%, no soñemos al 5% ni al 8%, pocos estarían interesados en aquel órgano multisectorial. Del futuro, muy importante, debería ocuparse el Ministerio de la Innovación en el marco de un gabinete con cuatro ministerios ocupados de los problemas centrales del país. Este primero concentrado en el futuro, junto a los ministerios de Educación, Producción y Salud. Pero con la economía a los tumbos, ¿quién puede pensar en semejantes lujos?

En este contexto, al petit palais Guzmán solo le quedaba una habitación de la propiedad sin intrusar, el fundamental, aquel que le dio razón de ser a su presencia en el país, la conexión directa con un Fondo Monetario Internacional cuya actuación será puesta en tela de juicio en el marco de una demanda penal anunciada por Alberto Fernández en su discurso a la Asamblea Legislativa del 1 de marzo. Por cierto, un anuncio de cotillón con destino de no terminar en nada, con la virtud, hoy de escasa utilidad, de exhibir la desastrosa gestión económica de la administración Macri, pero con el suficiente poder de empantanar la misión primigenia que le dio sentido a la presencia de un outsider, en un momento donde gran parte del arco económico y empresarial, el círculo rojo, esperaba que saliera la bolilla de Roberto Lavagna, Martín Redrado, inclusive Emmanuel Álvarez Agis.

Guzmán se está quedando sin hilo en el carretel ya que, ante su visible pérdida de autonomía, hoy le toca hacer de fronting de un popurrí económico que no le garantiza al oficialismo un piso electoral de 40%.

En tal sentido, de acuerdo a una encuesta reciente de RAM pxq consultora, casi un 20% de los votantes del Frente de Todos en 2019 le adjudica la responsabilidad de la situación económica a la administración Fernández, es decir, poner en primer plano a la figura opositora más nítida, Mauricio Macri, resulta de escasa utilidad política. En este marco, Guzmán se está quedando sin hilo en el carretel ya que, ante su visible pérdida de autonomía, hoy le toca hacer de fronting de un popurrí económico que no le garantiza al oficialismo un piso electoral de 40%. Por cierto, una misión fundamental. ¿Quedará alguna bala más tras la implementación del anunciado recorte sobre el impuesto a las ganancias? Si todo este arsenal no conduce al gobierno al mágico 40%, este plan será SU plan, tan suyo como el vacunatorio VIP de Ginés González García. Vieja regla básica de la política. Entregar a sus soldados y seguir adelante.

(*) Publicado en Letra P el 5 de marzo de 2021.

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Daniel Montoya es politólogo egresado de la Universidad Católica de Córdoba, con estudios de posgrado en Políticas Públicas en el viejo Instituto Di Tella, cuenta con una dilatada experiencia en función pública en diferentes organismos nacionales y provinciales (Comisión Nacional de Comercio Exterior, Agencia de Recaudación de la Provincia de Buenos Aires y Grupo Banco Provincia) En la actualidad, se dedica full time a la Consultoría Estratégica, con clientes como el Gobierno del Paraguay, así como grupos empresariales privados. En el mismo plano, mantiene una intensa actividad como analista político a través de su blog danielmontoya.info y mediante intervenciones diversas en medios.

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