Argentina en la nueva guerra fría tecnológica (*)

“¿Heisenberg?”. “Tienes toda la puta razón”. Si el verdadero Werner Heisenberg, no el evocado en este crucial diálogo de la serie Breaking Bad, hubiese tenido éxito al frente del programa atómico del régimen nazi, hoy no estaría escribiendo esta columna en PERFIL sino en una edición argentina de Das Reich, el semanario creado en 1940 por Joseph Goebbels. La adquisición de una ventaja decisiva en el plano científico y tecnológico tiene este tipo de consecuencias profundas. Semejante desequilibrio conseguido por Estados Unidos en aquel conflicto bélico redujo todo el armamento conocido a la categoría de arco y flecha. Hiroshima y Nagasaki dieron lúgubre testimonio. En el mundo actual con cinco países reconocidos como “nuclearmente armados”, y otros tantos que hicieron experiencias en la materia, predomina el escenario de la disuasión nuclear. Ninguna potencia tiene la capacidad del golpe único definitivo sufrido por aquellas islas japonesas en 1945. LEER MAS

Necesitamos con urgencia un horizonte estratégico (*)

“Lo que se pierde en subida, no se recupera en la bajada”. El respaldo de cinco títulos mundiales de Fórmula 1 del “Chueco” Fangio resalta el valor del adagio. Nuestro país hoy lo está experimentando, con sangre. El manual de casi todos los economistas, salvo el de algún que otro terraplanista, dice que en un contexto de depresión económica como el originado a escala mundial por el coronavirus, el margen de maniobra para la mano visible y la iniciativa urgente del Estado es prácticamente ilimitado. En particular, para la expansión del gasto público. A la cabeza están Alemania, Francia y Estados Unidos con paquetes de estímulo que representan, en orden decreciente, desde un 20% a un 10% del PBI. Nosotros miramos este espectáculo con la ñata contra el vidrio. Sin perjuicio de la magnitud económica que oscila alrededor de un lejano 3% del PBI, muchos compatriotas experimentaron la debilidad de nuestras arcas estatales recibiendo solo tres ingresos de emergencia de $ 10 mil. En la Argentina del presente, apenas un chango de supermercado, ¡sin abusar con las marcas eh! LEER MAS